El viaje
Bueno, después de la despedida vino el viaje. En el aeropuerto empezaron los problemas ya que como viajaba con pasaporte de servicio (para no pagar impuestos) necesitaba un sello que ponía en el segundo piso del edificio. Eso no resultaba ser tan complicado hasta que me dijeron que no podía dejar las maletas en el counter sino que me las debía llevar hasta el segundo piso y regresar con ellas. El asunto se complicó aun más cuando vi que no habían ni escaleras eléctricas ni asensores por lo que tuve que subir y bajar las cosas de dos en dos con descanso a la mitad de las escaleras.
Una vez superada la fase del sello en el pasaporte y del registro en el mostrador de Iberia, ingresé a la sala del aeropuerto donde esperé alrededor de 2 horas. Lo bueno fue que tienen red inalámbrica abierta, por lo que pude entretenerme mientras esperaba.
Ya muy cerca de la hora de abordar, me encontré con el hijo de una prima de mi mamá (que trabaja en el aeropuerto) que me saludó y me dijo que hablaría con el capitán del avión para mandarme en primera clase. Vaya suerte tenemos algunos! Lo cierto fue que efectivamente viajé en primera clase, por lo que el trayecto no estuvo tan cansado y la comida y bebida estuvo muy buena. (le viviré eternamente agradecido a este muchacho). Es increible la diferencia que hay entre una clase y otra. El asiento en el que iba se ponía casi en forma horizontal, tenía pantalla individual para ver el montón de canales disponibles y bueno muchas cosas más. La atención es muy diferente, la comida es en bajilla y le dan a uno un bolsito con artículos como: bolsa para zapatos, medias, pasta y cepillo de dientes, perfume, shampoo, etc etc.

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